"El establecimiento de iglesias y sanatorios es tan sólo una manifestación adicional del amor de Dios, y en esta obra debiera participar todo el pueblo de Dios. Cristo formó su iglesia aquí abajo con el propósito expreso de manifestar la gracia de Dios por medio de sus miembros. Su pueblo debe levantar monumentos conmemorativos de su sábado en todo el mundo, que es la señal entre él y ellos, de que es él quien los santifica. De este modo deben demostrar que han vuelto a su lealtad y que permanecen firmes en favor de los principios de su ley" (Consejos sobre la salud, p. 220).
En el mes de julio de este año tuve el privilegio de participar, junto con los hermanos de la Iglesia Central de la ciudad de Grand Rapids en el estado de Michigan, en la celebración del 25 aniversario de la compra de su templo. Al pasar esos momentos con los hermanos me llenó de gozo ver la cantidad de hermanos de las varias iglesias hispanas que ahora existen en la ciudad como fruto de ese humilde comienzo
Manuel Vázquez, vicepresidente anterior de la División Norteamericana, relata la interesante historia del comienzo de la obra en la ciudad de Grand Rapids en su libro, La historia aún no contada. De acuerdo a este libro, la obra tuvo su comienzo en el año 1967 con la llegada de una dama cubana llamada Marta Moore-Walwyn, cuando junto con su esposo médico, se radicaron en Grand Rapids. Marta conoció a otra familia cubana allí y las dos familias empezaron a estudiar y orar juntas. Luego llegó un hermano de Marta, Miguel Moore, y con el tiempo consiguieron el apoyo financiero de la iglesia de habla inglesa para hacer obra misionera los sábados. En el año 1972 se llevó a cabo una campaña evangelística que resultó en los primeros tres bautismos en la ciudad. El grupo hispano siguió creciendo al punto que ya necesitó el apoyo de un pastor. La Asociación de Michigan estudió la situación y con el tiempo se consiguieron los servicios del pastor Orval Scully. El grupo continuó creciendo y el 17 de julio del año 1976 se organizó como iglesia y se convirtió en la tercera iglesia hispana de la Asociación de Michigan.
Es maravilloso ver cómo el Señor ha bendecido esos pequeños comienzos con cientos de hermanos adventistas hispanos que adoran cada sábado en varias iglesias que existen ahora en la ciudad. Todo esto comenzó con el sueño de un grupo de hermanos que quería ganar almas para Cristo. Es impresionante ver cómo, a pesar de los obstáculos que existieron en ese tiempo, los hermanos Marta y Miguel Moore y otros fieles discípulos trabajaron y oraron, para presentar la luz de Dios en una ciudad donde se necesitaba dar las Buenas Nuevas a los muchos hispanos que vivían en esa ciudad.
No hay duda que aún se necesita establecer nuevas iglesias hispanas en muchas ciudades y vecindarios en nuestra Unión del Lago. Dios necesita discípulos dispuestos a trabajar, aún hasta el sacrificio para lograr esa meta. Mi oración es que como resultado de este artículo haya quienes decidan dedicarse a abrir obra nueva en lugares que se encuentren aún en la oscuridad.
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.