Nunca olvidaré el día cuando vi por primera vez el letrero que dice Andrews University. Era el año 1971 y era la primera vez que me iba de mi casa en Nueva York. Mi familia estaba muy a favor de que yo asistiera a la Universidad de Andrews pero no tenía suficiente dinero para ayudarme con los gastos de estudio, así que llegué a Andrews con algo de ansiedad. Recuerdo que al principio yo había dudado mucho de que pudiera ir tan lejos a estudiar siendo tan limitados mis recursos. Por esta razón también había enviado solicitudes a tres universidades seculares en Nueva York.
Todos las universidades aceptaron mi solicitud y hasta me ofrecieron becas para cubrir todos mis gastos. Pero yo prefería estudiar en un ambiente adventista y conocer a otros jóvenes y maestros adventistas. Así que decidí ir a Andrews con pocos recursos y un poco de fe.
Cuando comencé a estudiar mi meta era seguir la carrera de medicina. Pero en mi tercer año de estudios un joven me preguntó si yo estuviera dispuesto a dedicar un año para servir como estudiante misionero en Bolivia. Sentí el deseo de hacer algo para Dios así que acepté el llamado. A pesar de no tener ninguna preparación pastoral, la misión boliviana me dio la responsabilidad de predicar y pastorear una iglesia pequeña. Cuando terminé mi tiempo de servicio me di cuenta que Dios quería que yo trabajara en la línea pastoral. Regresé a Andrews con una nueva determinación de estudiar y prepararme para trabajar para Dios. Cuando me gradué en 1976 me acerqué a mis padres, les mostré el diploma y les dijeGracias por guiarme a conocer a Dios y a conocer su voluntad para mí.
En la actualidad, en mis viajes veo aún a muchos de los que se graduaron conmigo, ya casados y con sus hijos que también estudian en escuelas adventistas. Al revisar mi vida me doy cuenta que mis años escolares en un ambiente adventista formaron una parte vital de mi crecimiento espiritual. Es interesante notar que en un estudio llamado AVANCE que se hizo de familias hispanas adventistas se demostró claramente que hay mucha más probabilidad que los jóvenes que estudian en escuelas adventistas se mantengan fieles a la iglesia que si estudiaran en una escuela secular.
Quizás usted se pregunte:Pastor, ¿cómo puedo yo enviar a mis hijos a estudiar en nuestras escuelas? Los recursos son tan limitados. Es cierto que la educación cristiana es costosa y que pareciera estar fuera de nuestro alcance. Pero yo me alegro que Dios nos ha dado una promesa que nos anima cuando nos vemos tan limitados. En Mateo 6:33 nos dice lo siguiente: Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mi oración es que el Señor siga guiando a nuestras familias hispanas para que usen todos los recursos disponibles (especialmente la fe) para guiar a sus hijos a ser fieles discípulos de Cristo.
Carmelo Mercado es el vice presidente general de la Unión del Lago.