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Edificad la Casa de Dios
Recuerdo muy bien aquel día en 1985 cuando perdí mi iglesia en Hammond, Indiana. Estaba durmiendo cuando sonó el teléfono. Quien me llamaba era una hermana que vivía al lado de la iglesia para decirme que la iglesia se estaba quemando. Cuando llegué al lugar encontré que ya estaba completamente cubierta por las llamas y el humo. Pronto llegaron otros hermanos, miembros de la iglesia, y no pudimos menos que llorar al ver en ruinas nuestra apreciada iglesia. Recuerdo la incertidumbre y el desánimo que sentía yo esos dias cuando recogíamos lo poco que había dejado el incendio. Todo me parecía tan oscuro, y me pregunté: “¿Cómo podremos recuperarnos de esta tragedia?”
Muchos recordarán el año 2005 como un año de desastres y de dificultades. Multitudes de personas fueron afectadas en una manera sorprendente por los desastres naturales. Aún nuestra iglesia adventista sufrió grandes pérdidas. En un informe acerca del huracán Katrina se nos dijo que en una de las asociaciones se pudo contar a sólo 150 hermanos que pudieron reunirse para adorar en un sábado en vez de los cinco mil que acostumbraban hacerlo. Otro informe, quizás poco conocido, de la Unión del Sur de México, nos trajo noticias de las inundaciones en Chiapas, ocurridas en el mes de octubre del año pasado. De acuerdo a ese informe, en la Asociación de Soconusco un total de 40 templos quedaron destruidos o semi destruidos, y sólo la mitad de los cuales estaban asegurados.
Mi corazón clama por el bienestar de nuestros hermanos adventistas que han perdido su templo y no tienen dónde adorar a Dios. En mis dos años como administrador en la Unión he tenido el privilegio de visitar nuestras iglesias y de ver el ánimo y entusiasmo que hay cuando nos reunimos para adorar y alabar a nuestro Dios. La pérdida del hogar es desanimador porque involucra la pérdida de las posesiones materiales. La pérdida de un templo tiene el potencial de desanimarnos aún más porque ése es el lugar donde buscamos la fe y la esperanza. Al meditar en esto quisiera invitar a nuestros hermanos a hacer lo siguiente:
1. Antes del incendio, yo veía el templo en Hammond como algo pequeño con poco potencial de impactar la comunidad. Sin embargo, al perderlo me di cuenta cuán importante era la pequeña luz que alumbraba de ese edificio. Demos gracias a Dios por el privilegio que tenemos de adorar a nuestro Dios en su templo cada sábado.
2. Oremos por los hermanos que pasan por necesidad y pidamos que el Señor los llene con su Espíritu Santo para que su fe no flaquee.
3. Demos una ofrenda de sacrificio para ayudar a nuestros hermanos en Chiapas que han perdido sus templos. Si el Señor les impresiona a que apoyen este proyecto, envíen su ofrenda a la Unión del Lago indicando que su ofrenda es para “Templos Chiapas”.
Oremos para que el Señor nos use en este nuevo año para apoyar a nuestros hermanos sin templo, a recobrar nuevas fuerzas para levantar la luz de Cristo.
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.
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