Mi padre acaba de cumplir 91 años. Para mí es difícil creer que él ya haya llegado a una edad tan avanzada. Mi recuerdo de él es que era un hombre joven y fuerte; siempre trabajaba mucho para mantener a la familia. Este marzo fui a Nueva York a pasar una semana con él. Un día cuando mi papá y yo paseábamos en el auto fuimos a ver el edificio en el Bronx donde vivíamos cuando yo estaba en la escuela primaria. Al ver el edificio y el apartamento no pude menos que recordar algunas experiencias y emociones de mi niñez. Algo que persiste en mi mente eran los deseos de ver a mi padre. En ese período él tenía dos trabajos, así que llegaba a la casa hasta muy tarde en la noche, cuando yo ya tenía que acostarme. A veces yo me preguntaba qué estaría haciendo todo el día mi papá hasta que un día él me llevó a uno de sus trabajos y me enseñó el lugar donde manejaba las máquinas que usaba en la fábrica. Entonces me di cuenta que mi bienestar, el de mi mamá, el de mi hermano y de mi hermana dependía de sus muchos esfuerzos y energía.
Fue en ese mismo apartamento que mi mamá recibió la visita de una mujer que era miembro de la Iglesia Adventista. En aquel tiempo mi papá no estaba interesado en cambiar de religión pero no se opuso a que ella asistiera. Mi mamá oró mucho para que él la acompañara, y sus oraciones fueron contestadas cuando él se bautizó cinco años más tarde a los 55 años de edad. Después de su bautismo mi papá llegó a ser un fiel discípulo y usó mucha de su energía para testificar a otros acerca de Jesús. Aunque tenía que seguir trabajando mucho para mantener a la familia, él, junto con mi mamá, ahora dedicaba tiempo todos los sábados para visitar a muchas personas y darles las buenas nuevas de Jesús. Gracias a Dios y a los esfuerzos de mis padres, hoy hay una cantidad de personas que están en la iglesia.
Han pasado ya muchos años y la energía de mi padre ha disminuido. Pero doy gracias a Dios por mi padre porque sus tres hijos siguen su ejemplo de usar la energía que Dios les ha dado para darle honra y gloria a Dios.
Este mes se celebra el Día del Padre, y yo quisiera invitar a cada lector a pensar en la manera de cómo su padre, o una persona que actuó como su padre, le haya enseñado por su ejemplo algunas lecciones valiosas de cómo aprovechar la vida que Dios nos ha dado. La realidad es que el tiempo pasa muy rápidamente y algún día Dios pedirá cuenta de cómo hemos vivido. Mi oración es que Dios nos encuentre fieles hasta el fin.
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.
Nota del autor: Mi padre descanso en Jesus el 10 de mayo del 2006 con sus hijos a su lado.