En junio de este año un grupo de jóvenes de nuestra Unión fue a Lima, Perú, con el propósito de presentar campañas evangelísticas en algunas iglesias. Al regresar, los jóvenes me dijeron que la experiencia había sido una gran bendición. Una de las jóvenes, Cindy Fonseca, de la iglesia hispana de Indianápolis, compartió conmigo la siguiente experiencia que tuvo en esta misión.
"Ciertos hermanos de iglesia me pidieron que fuera al hospital para visitar a un joven que había tenido un accidente. En camino al hospital yo me preguntaba: ‘¿Y qué le voy a decir? Yo no sé qué le puedo decir a una persona que ha tenido un accidente. ¿Cómo se supone que yo le dé ánimo?' Mientras todos hablaban, yo estaba en silencio y orando a mi Dios y pidiéndole ayuda. Luego recordé el versículo que había leído un día o dos antes y que me había ayudado a poner mi confianza en Dios. Resulta que mientras yo le pedía a Dios que me ayudara con la predicación y leía la Biblia, encontré ese versículo que luego se convirtió en mi versículo de toda la semana: "Clama a mí yo te responderé cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jer. 33:3). Entonces clamé a Él y le pedí que cumpliera su promesa.
"Cuando llegué al hospital aún no sabía qué decir. Entré al cuarto y todavía no lo sabía. Finalmente un hermano dijo: ‘Aquí tenemos a una hermanita de Norteamérica que ha venido a verte y ella quisiera decirte unas palabras.' Dentro de mí había una voz que decía: ‘Dios, estoy clamando a ti. Por favor, cumple tu parte de la promesa.' Y así fue. Dios permitió que me vinieran a la mente unos versículos de la Biblia muy apropiados. Y de pronto, recordé una situación similar en la que había podido testificar de cómo Dios había convertido un gran problema en una gran bendición. Las palabras fluían al punto que el joven que se había accidentado, estaba por llorar. Entonces me detuve y pedí que cantáramos. Oré por él y las palabras nuevamente fluyeron. Al abrir los ojos, noté que él y su esposa estaban derramando muchas lágrimas. Fue entonces que yo también sentí muchos deseos de llorar porque Dios había cumplido con su parte. Él no me falló y pude ver que yo sirvo a un Dios real. El joven accidentado y su esposa me dijeron que estaban muy agradecidos. Según los hermanos, los versículos y el testimonio habían sido muy apropiados.
"Luego de esa experiencia, ese versículo se convirtió en mi versículo favorito en las semanas subsiguientes. Cada vez que yo iba a hacer una visita, recordaba ese versículo y sin sospecharlo, decía lo que aquellas personas necesitaban oír. Pues las personas que visitaba siempre me decían: ‘esas eran las palabras que necesitaba escuchar,' y a la noche las veía en la iglesia. Cada vez que visitaba a alguien que no había estado asistiendo a la iglesia, esa misma noche veía a esa persona o a su familia en la iglesia.
Me di cuenta que las visitas ayudaban mucho. Me daba mucho gusto cada vez que yo predicaba, ver los rostros de las personas que yo había visitado durante ese día. ¡Qué bendición tan grande!
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.