"Se deben construir nuevas iglesias y organizar nuevas congregaciones. Permitid que la luz resplandezca en todos los países y en todos los pueblos" (General Conference Daily Bulletin, 28 de enero de 1893).
David Guerrero, el nuevo pastor de la Iglesia Adventista en Almond, Wisconsin, llegó a la iglesia para predicar su primer sermón y familiarizarse con los hermanos. Estando allí descubrió algo que le interesó mucho: además de los hermanos de habla inglesa, había también un pequeño grupo de cinco hermanos hispanos que se reunían cada sábado en el sótano de la iglesia para adorar a Dios en su idioma. Siendo que el pastor mismo hablaba español, inmediatamente vio la posibilidad de trabajar para traer a otras personas hispanas a la iglesia.
Desafió al pequeño grupo para que invitara a sus amigos y conocidos. Al siguiente sábado el pastor se asombró al encontrar a quince personas reunidas en la iglesia en vez de cinco. Los hermanos de habla inglesa vieron también el potencial de abrir obra hispana, por lo que ambos grupos trabajaron juntos para poder traer a más personas hispanas a los pies de Cristo.
Con el tiempo el sótano de la iglesia empezó a llenarse hasta el punto que los hermanos se dieron cuenta que era necesario conseguir un lugar donde hubiera más espacio para adorar a Dios y donde pudieran hacer realidad el sueño de establecer su propia congregación.
Sin embargo, había dos desafíos. Primero, necesitaban encontrar una iglesia que estuviera dispuesta a alquilarles su templo a un costo mínimo porque sus ingresos eran limitados. En poco tiempo el primer obstáculo fue resuelto cuando la Primera Iglesia Bautista de Stevens Point les ofreció su templo sin costo alguno para celebrar los cultos. Otro desafío era conseguir líderes laicos que pudieran ayudar al pastor a dirigir el grupo hispano. El Señor proveyó también en este terreno, con la llegada a esa ciudad del hermano José Lizama, quien buscaba una iglesia adventista hispana, y más tarde llegaron los hermanos José y Frank González para ayudar en el liderazgo.
El 31 de diciembre del año pasado se llevó a cabo el primer bautismo de cinco almas en este nuevo grupo hispano. En la actualidad se reúnen más de treinta personas cada sábado en el templo, situado en 1948 Church St., para adorar a Dios. No cabe duda que Dios ha realizado el milagro de encender una luz hispana en esta ciudad para alumbrar el camino hacia el reino de los cielos, a la multitud de hispanos que viven en esa ciudad.
Invito a los hermanos hispanos de nuestra Unión a que se unan conmigo para orar por este grupo de manera que muchas almas en Stevens Point, que ahora viven en las tinieblas, puedan unirse al pueblo de Dios.
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.