"El argumento más convincente que podemos dar al mundo acerca de la misión de Cristo se encuentra en una unidad perfecta. La unidad que se encuentra entre el Padre y el Hijo debe manifestarse en todos los que creen la verdad. Los que están unidos de esta manera en una obediencia implícita a la palabra de Dios serán investidos con poder".1
En el mes de mayo de este año la División Norteamericana auspició un programa de entrenamiento en el campamento de la Asociación de New Jersey, para formar entrenadores de grupos pequeños. Más de 400 pastores y laicos de toda la División asistieron al evento, cuyo propósito fue ayudar a los líderes de las iglesias locales a organizar grupos pequeños, para cumplir la gran misión que nuestra directiva hispana tomó como su lema para este quinquenio–Dilo al mundo–dilo a tu mundo.
El programa estuvo bien organizado y hubo buena instrucción de parte de los maestros. Hubo una variedad de recursos que se distribuyeron a los asistentes. La predicación de parte de nuestro dirigente hispano de la División Norteamericana, Ernie Castillo, fue sin duda inspirada por el Espíritu Santo. Pero lo que más me impresionó fue la asistencia de hermanos provenientes de diferentes países y culturas hispanas que ahora viven en diversas partes de los Estados Unidos. También noté que había una variedad de edades entre los asistentes, tanto jóvenes como adultos. Pero a pesar de las diferencias de edades y culturas reinó un espíritu de unidad en misión, que me tocó el corazón.
Como dijo la señora White en el párrafo citado arriba, Dios está esperando que su pueblo esté unido para poder darnos el poder que necesitamos. Pero la realidad es que vivimos en un mundo fracturado en donde no se ve esa unidad. Desafortunadamente este espíritu de fractura ha penetrado la iglesia en varias formas - hermano contra hermano, hermano contra pastor, pastor contra pastor, y hasta asociación contra asociación. Este tipo de espíritu está en contra del espíritu de Cristo y creo que es la razón principal por la cual no se ha terminado la obra.
Un pastor que trabajaba en New Jersey me contó la siguiente historia. Al salir de su auto alguien lo asaltó sin razón alguna y comenzó a golpearlo en forma agresiva. Las heridas fueron tales que una ambulancia tuvo que llevarlo al hospital. La policía arrestó al agresor pero el pastor decidió no presentar cargos en su contra. Le pregunté por qué no lo hizo y él me respondió: "Yo pensé que en la cárcel se echaría a perder aún más. Me pregunté qué haría mi Salvador en tal caso. Decidí perdonarlo e invitarlo a asistir a la iglesia."
Al escuchar este testimonio pensé, cuán pronto terminaríamos la obra si todos tuviéramos ese mismo espíritu. Mi deseo es que no sólo hablemos de amor pero que también lo pongamos en práctica en la vida diaria para así cumplir la misión de Cristo.
Carmelo Mercado es el vicepresidente general de la Unión del Lago.
1. Bible Training School, 1 de febrero de 1906, pár. 6